CUANDO NO SE PERMITE NACER
Desde 1999, a partir del apoyo de un Presidente de la Nación, se consagró al veinticinco de marzo como el Día del Niño por nacer. Elegida esta fecha también por celebrarse la Anunciación del Ángel Gabriel y la concepción virginal de Jesús en el seno de María y en la que coincide la Conmemoración de la Encíclica Evangelium Vitae que Juan Pablo II destino a todos los hombres de buena voluntad.
Ante debate socio-político en el que se ha situado el tema del valor de la vida y ante la posible despenalización del aborto y los ya conocidos casos de aborto no punible; este día debe traernos a la mente la responsabilidad que tenemos frente a una nueva vida y la dignidad y los derechos que le son inherentes a toda persona. Estoy convencido que la educación es uno de los caminos para acabar con los prejuicios denigrantes que se van transmitiendo cada vez más rápido en nuestra sociedad. Es tarea nuestra demostrar el valor que tiene la mujer embarazada en sociedad y, más aún, la persona misma que va a nacer. “Decir que el no nacido es un ser humano, no es una creencia religiosa, es una certeza del sentido común” (palabras del Obispo de Concordia, Luis A. Collazuol)
El aborto no es un problema puramente científico, social o político, es un problema moral grave, que se ha instalado en nuestra sociedad y que es propio de nuestro relativismo imperante. Nunca una vida puede estar sujeta a lo relativo de las decisiones. La vida es un derecho fundamental, no cambia según nuestra condición en el tiempo, espacio o pensamiento.
Por otra parte, la tecnología de hoy nos permite ver al bebé desde el vientre con una nitidez sorprendente, nos puede mostrar sus manos, sus pies, su corazoncito latiendo que nos hacen ver sus ganas de seguir viviendo, de conocer el mundo que Dios le preparó. Pero que paradoja que la medicina que tiene como principal objetivo la protección y cuidado de la vida, haya avanzado también en materia de prácticas abortivas. Claramente, el aborto no una cuestión solamente médica. Es que un hijo no está sólo en el útero, está en la cabeza, en el equilibrio emocional y en el corazón de la madre.
A pesar de que han transcurrido muchos siglos, estremece leer aún hoy en la Biblia el pasaje que relata el momento en que Herodes ordena la matanza de todos los menores de cinco años tratando de dar muerte a Jesús. Todavía parecen resonar los gritos desgarradores de las madres que defendían a sus hijos del asesino. Pero en nuestro tiempo sucede un hecho aún más aterrador y es que son las propias madres las que entregan a sus hijos a la muerte, decretada por ellas mismas; como Herodes de nuestro tiempo.
Como católicos sabemos que defender y promover, respetar y amar la vida es una tarea que Dios le confía a cada hombre, por lo que debemos seguir amando la vida. Por eso felicito a todas aquellas mamás que aman la vida y llevan en su seno ese precioso tesoro.
Pidámosle a Dios, «El, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre» Job (12, 10), nos conceda la fuerza para que las oscuridades de la cultura de la muerte no opaquen a nuestras familias.
martes, 25 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

1 comentario:
amigoo
aca paso, dsp de tanto..
te super apoyo con este tema.. me parece qe ultimamente la conciencia se esta perdiendo.. me parece qe ultimamente.. hay tantos desvalores en nuestra sociedad.. no se porqe, pero tengo la firme y clara esperanza de qe esto va a cambiar.. no puede ser qe se realicen estas matanzas siun ninguna justificacion.. todo va a cambiar.. se qe no se puede cambiar el mundo, pero si empezamos por cambiar nosotros, las cosas pueden mejorar..
PITU.
Publicar un comentario